Hay una escena bastante común en muchas casas: alguien se arremanga, mira sus codos y descubre que parecen cubiertos por una fina capa de gis. O pasa la mano por las piernas y nota la piel áspera, tirante, con pequeñas escamas que antes no estaban ahí. En los adultos mayores sucede con frecuencia. Y no, …